Danzad, malditos, danzad... (2)
¿Os he dicho que ayer estuve viendo a Green Day?
Todos y cada uno (me fijé, lo prometo) de los espectadores que salíamos ayer del Rockódromo, perdón, del Madrid Arena, salíamos con una sonrisa de oreja a oreja. Acabábamos de ver a una de las bandas más en forma del momento. Más en forma y más divertidas. Porque si hay un calificativo para el concierto de ayer, ese es "divertido". Por un lado está la música festiva y festera del grupo. American Idiot es una opera-rock jocosa, burlona y sarcástica que tira con bala contra "American Idol" (el OT americano) y contra Bush y sus acólitos. Tira, en definitiva, contra la parte más prefabricada de la sociedad americana (esa que nos invade espiritualmente mientras físicamente hace lo propio en sitios tan dispares como Afganistán o Irak). Bueno, más que con bala tiran con fuegos artificiales (de esos que se veían sobre el escenario), porque su actitud es la de un grupo de adolescentes que se juntan para hacer bromas y "echar unas risas".
Porque, por otro lado, está la propia actitud de unos músicos que se dejan la piel en el escenario para que todo el mundo se lo pase bien. Billie Joe Armstrong es un "entertainer" que, a sus treinta y pocos años, intenta (y consigue) hacernos creer que aún es aquel chaval que deslumbró al mundo con "Basketcase". Se agradece que en todo momento se dirija al público y haga partícipe al respetable (incluso invitaron a tres espontáneos a sentirse, por unos momentos, estrellas del rock, tocando bajo, batería y guitarra). Se agradece que enardezca al personal con sus consignas, con su chapurreado de español (vocabulario limitado a "gracias", "Madrid", "España"...), con sus saltos. Se agradece, en definitiva, que tenga oficio y sepa meterse a cuatro mil personas en el bolsillo para que todos terminemos haciendo lo que nos diga.
Tocaron casi todos los temas de su último disco y sus grandes clásicos. Incluso, hubo sitio para alguna versión (como el "We are the champions", en una versión ajustada al original pero que parecía, por el contexto (toneladas de confetti inundaron el recinto), una provocación macarra y guasona; una forma de agradecer al público pero ríendose de ellos mismos). Os lo perdísteis (como yo me había perdido sus anteriores actuaciones en nuestro país). Os lo perdísteis y si hubiérais visto aquella orgía de buen rollo y alegría seguro que lo lamentaríais. La próxima vez haceros un favor y compraros una entrada. No os arrepentiréis.

0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home