El poder de la música

Ayer estuvimos viendo a Pat Metheny en la inauguración del Festival de Jazz Latino de Alcalá (Alcalatinjazz). Con la emoción a flor de piel y deslumbrados por las maneras del americano, hoy sólo podemos hablar del poder de la música.
Apenas dos días antes, y casi a la misma hora, disfrutábamos de una descarga de energía descontrolada. El espectáculo estaba sobre el escenario y entre el público. Una celebración hedonista: carpe diem, baila ahora que mañana nunca se sabe. Anoche, por el contrario, el placer se encontraba en la dosificación. Sobre el escenario un puñado de músicos en permanente idilio con el virtuosismo. Uns músicos que ofrecieron al público presente su gusto por las texturas y el dominio de los elementos con una naturalidad que, en ocasiones, parecía obtenerse sin ningún tipo de esfuerzo.
Aquí está el poder y la magia. La música es capaz de sobrepasar cualquier barrera estilística, cualquier frontera que intentemos anteponer e interponer. La música sí que es realmente "sin etiquetas", somos nosotros los que en un ejercicio de cerrazón mental, tratamos de encerrarla en compartimentos. Sólo necesitamos desnudarnos de todo prejuicio y dejarnos llevar, para poder disfrutar de un concierto de Pat Metheny de la misma forma que disfrutamos de un concierto de Green Day. Está claro que se trata de placeres distintos, pero placeres en cualquier caso.

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