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martes, agosto 16, 2005

Un, dos, tres... ¡responda otra vez!

Estuvimos allí. Camp Nou, Barcelona, 7 de agosto. Sobre el terreno de juego un equipo insuperable. Cuatro cuarentones sobrados de oficio y respaldados por toda la tecnología que el dinero puede comprar. Pantallas gigantes, sonido envolvente, ochenta mil fieles y, por encima de todo, un repertorio formidable. Las canciones llenaban el alma del estadio y compensaban las largas esperas (para adquirir las entradas, para entrar al recinto...) a los allí congregados.

Compensaban absolutamente todo porque la elección de temas equilibraba con justicia grandes clásicos con temas nuevos. Compensaban absolutamente todo porque hay canciones de estos cuatro irlandeses que son mucho más que canciones, son himnos. Compensaban absolutamente todo porque más allá de la electrónica, de los kilómetros de cable, de los watios de sonido... lo más sublime era ver a Bono ejercer de telepredicador moderno, disfrutar del talento y la calidad de The Edge (el "Ronaldinho" de la guitarra, que recibió una camiseta del astro brasileño como regalo por su 44 cumpleaños), Larry Mullen Jr. y Adam Clayton.

Estuvimos allí. Al día siguiente la mayoría de críticos hablaba del concierto de la temporada (en la música no valen los epítetos del tipo "partido del siglo", todo el mundo asume que el próximo será más grande, más espectacular, mejor...). Y no les faltaba razón. El concierto de la temporada, el concierto del año. Mereció la pena esperar (en las colas, en el acceso...). Mereció la pena.